Tengo veintisiete y si lo preguntas, tengo todo y a la vez nada. Del lado derecho tengo la tibieza ansiosa de tu cuerpo. Del lado izquierdo tengo un mapa con trece paises y tres continentes tachados y una brújula que hace tiempo ha dejado de tener dirección. Tengo una voz que le gusta repetir tu nombre por pura diversión, que le gusta cantar, así de desafinada pero con ganas de volar y en un cielo de notas perderse entre kilómetros y vientos, también. Viajo menos de lo que quiero y de lo que -dicen algunos- debería. Y hablando de lo que debería, debería beber una copa de vino tinto menos.
Por amor y ganas dejé mi país y me quité banderas y me compré un pasaporte del mundo y sus rincones; y desde entonces, sé lo que es la total felicidad. He visto la luna mirar desde tantos puntos y siempre y al final, me provoca melancolía y un tanto anhelar. Siempre me recuerda las ganas que tengo de caminar a la orilla del mar.
Veintisiete años y así soy feliz: una brújula rota, un mapa lleno de dobleces, una canción que siempre te canta, unas ganas de construirme un hogar aunque sea mío nada más, aunque no haya rosas en el jardín, ni juguetes por ahí. Veintisiete años, tres amigos, tres hermanos, una bicicleta y varios sueños en el mapa.
Soy un cuento que no debía pasar y que pasó, y pasó y sigue pasando. Soy una canción que al final nadie quiso cantar más que yo.
Vivo de mi poemas mal logrados, de mis fotos desenfocadas, de mis canciones desentonadas, de todo lo que nunca pensé que iba a vivir. Y en cada uno de mis viajes cargo por puro masoquismo un salero para quemarme las heridas, si es que duelen, para no parar de sonreír. Y aunque sólo me llore el lado izquierdo, me gusta saber que sí me sirve el corazón.
Y en veintisiete años he visto tanto, varios Dioses imaginarios que ejercen su justicia con una cruel necesidad. He visto también a hombres de Dios mentir con tal hipocrecia y actuar con naturalidad.Por eso puedo decir que creo en el camino más de lo que creo en una deidad y que si hay Dios, para mi sólo hay un Dios y que se llama "Libertad"; que también vive en el cielo y que en todas partes está.
Veintisiete años y he aprendido a simplemente vivir. A ver la gente entrar y salir, decir "Hola" y luego "Adiós". He vivido en centrales de autobuses, en salas de espera en aeropuertos, en listas de espera que siguen esperando.
Mis palabras, mis frases trilladas han tocado más corazones que yo y mis kilómetros recorridos. Mis pies, mis rimas que no riman han tocado más pieles de las que yo, han besado más que yo, han resucitado y muerto dentro de otro más que yo.
Y a veintisiete años he aprendido a perder y también a ganar, a saber que la vida es un inmenso camino donde debes vivir el momento- aunque yo, de cierto, no sepa como vivirlo y siempre termine haciendo planes que terminan siendo planos almacenados en algún lugar. Y he visto tanta gente que ha querido volar cayendo tan bajo, que yo estoy agradecida de poder tocar el cielo una vez más...
Tengo veintisiete años. Veintisiete canciones. Veintisiete puestas de sol y atardecers. Veintisiete kilómetros que recorrí en un mapa y en tu piel. Veintisiete gestos que me gustan de ti. Veintisiete paises antes de los 40. Veintisiete boletos de avión sin millas de viajero y... veintisiete frases que dicen ¡Viva la vida y a vivir!.