Un corazón latiendo fuerte,el gato del vientre rasgando las paredes,los labios llenos de humedad,la ansiedad enferma de las manos.
Las ganas de conocer el mundo explorándote,la sensatez que ha conocído el ciegocuando por primera vez mira el cieloy percibe el azul que siempre estuvo ahí.
Te reconocí en aquel aeropuerto,y fue como saber que te busque de siempreque por fin eras tú, tanto sueño enfrente de miTangente, real y subversivo.
Lleno de una magia extraña y poder en la mirada,que me hacía seguirte sin preguntar másCon esa forma de convocarme hacia ti,Mordiéndote los labios y mirándome así
Y lo recuerdo como si fuera ayer:El extraño frió de una noche de verano y tu calor,El cielo estrellado y dos cuerpos encontrándoseResumiendo una vida y el veranoen cuatro noches y tres días.
Encontrándonos en el momento perfecto para decir sí,para prometernos la vida, para jurarnos el amor,para grabar mi nombre en tu nombrey dejarnos arder en las llamas del amor.
Entonces llegó el otoño,y a veces tuve frio, melancolía de la vida,me enfermé de tanto amor,que escuchaba a la muerte repitiendo mi nombre.Te miraba y temblaba,pero quería cantarte y no escuchabas,Aun hablando los mismos idiomas,entendernos era un truco de magia.A ratos, contados y azules,estar a tu lado, era estar sola dos vecesTe convertiste en un extraño,un sueño que se desvanecía.Vi el amor tornándose en carnívoroen una bestia que me devoraba.La rutina, la vida, la soledad,Historias inconclusas que nos acechaban.
Mientras no te dabas cuenta,Yo construía muros y me hacía coronas,con las flores marchitas que caían de mi alma,donde la repisa de tus cosas favoritas estaba empolvada.
Y un día, te abrí la puerta de mi ser,te enseñe todas mis heridas,te mostré ese lugar que no le había mostrado a nadiey una a una, besaste mis cicatrices.
Entonces se derrumbó ese muro que había levantado,y escuchamos la primera canción que inventó el hombre,fuerte y clara, sonando fuerte, instrumentada por la fuerza del amor,incluso el tiempo se detuvo a admirarnos...Veinte estrellas fugaces adornaron el cielo esa noche,pedimos deseos, creamos un nuevo himno y una nueva caricia,Inventamos un nuevo idioma resonaba en el cielo,y miradas que podíamos interpretar.
Caricias profundas que sembraban cerezosque florecían aunque fuera inviernoy le daban color a nuestra casa,construída con cimientos de justicia y revolución.
Te reconocí como mi compañero,y te proclamé mi igual en la batalla,
una semilla tuya crecía dentro de mi cuerpoy una semilla mía florecía en el tuyo.
Nos volvimos parte del mismo paisaje,el follaje del mismo viejo árbolque había sonreído a la tierradesde el principio de los tiempos
Te miraba con nuevos ojos,me deseabas con fuerzas magnéticas,que reposaban en nuestros cuerpos,que admiraban la afición, tanta fascinación.
Estábamos rodeados de luz,en un cuarto sin ventanasy las ganas de huirse habían perdido en tu abdomenDonde había aprendido a renacer,Creciendo a tu lado y viéndome distinta:Grande, fuerte, real, ingrávida,con una canción de reggae moviendo mi alma.
Bailando sin son en nuestra cama,marcando rutas para no perderme otra vez,para volver a ti si te perdía en el camino,dibujando tu cartografía en mi mano.
Y otra vez era verano,aunque el calendario dijera que era invierno,y aunque afuera hiciera frió,por dentro, teníamos un sol en el corazón
que podía dar calor a diez mundos en distintas galaxias,que nos había encontrado aun en universos paralelos,que creaba amor que calentaba el conocimiento,y reforzaba el saber que estábamos unidos por un hilo indestructiblela convicción de saber que ya compartimos las mismas raícesy nuestro árbol de la esperanza florece todo el tiempo,porque nuestros nombres son acorde inseparable,canción de fuerzas imparables ,sin interferencias..
589 noches de verano yaunque el calendario dice que es invierno,veo como nuncacerezos floreciendo todo el tiempo.
