domingo, 14 de octubre de 2012

...porque algunas personas deben derribar puertas.


 Estoy trabajando en una tienda donde la mayoría de las personas tienen algo más que posibilidades. Es extraño lo torcido que está el mundo y lo desnivelada que está la bascula de la justicia y la fortuna. Llámenme loca, pero estoy empezando a ver algo que sabía que existía desde que tengo uso de razón pero que nunca -en realidad- me había detenido a pensar.

Mientras unos nacieron en una cuna de oro y con todas las puertas abiertas; existen otros, mucho menos afortunados, que se abren camino día a día. Estos últimos no se preocupan por marcas, por olores, por calidad; van por la vida viviendo al día y derribando puertas.

Es tan triste todo ésto. Mientras en un lado de la ciudad hay gente que apenas y logra juntar dinero para satisfacer sus necesidades básicas; del otro existe un grupo elitista que se gasta lo que una persona de bajos recursos en mantener a su familia,en adornos para su casa. ¡Caray!

Mi uso de la coma.

LA COMA (,) 


  • David, bésame .

  • Caminaron juntos rodeados de flores coloridas, árboles mágicos y mariposas brillantes.

  • Entraron a aquella recámara, cerraron los ojos y comenzaron a tocarse. No existió nada más.

  • Tal cual, eso les había enseñado la vida. El amor era un milagro que no sucedía todos los días.

  • Si necesitas que bese tus heridas, llámame.

  • Mar era intrépida; él, cauteloso.

  • Lo tenía todo: Era increíble, imprudente, elocuente, delicada y áspera a la vez. 

  • En mi país, tu cuerpo, es imposible conservar la calma.

  • Ni tú lo sabías, ni yo, ni nadie.

  • Yo, si me lo pides, me quedo.

  • Ella, entonces, lo besó. 

  • En Puebla, la capital, te vi pasar frente a mis ojos tantas veces.