viernes, 20 de marzo de 2015

Hoy voy a permitirme querer soñar.

No deja de sorprenderme la vida con sus matices espontáneos, su magia inexplicable y sus vueltas de campana. La vida, la mía, con tanta fuerza, con tanto carácter, con tanto ímpetu; el haber querido tanto, deseado tanto y pedido tanto y darme cuenta de que,al final, me ha dado más de lo que yo quería y pedía.

Y por eso hoy voy a permitirme querer soñar y seguir soñando; seguir viviendo este sueño en el que vivo y del que no quiero despertar. Ese sueño que es mi libertad.

"Es posible soñar, no importa el tiempo que nos lleve hacerlo"


sábado, 7 de marzo de 2015

Bitácora de Viaje, día 100.

Mazunte, Oaxaca.

Hace 100 días. ¡Sí, hoy hacemos 100 días! Hace 100 días que salí de casa para buscar mi destino y mi camino. Hace 100 días que me entregué a la aventura y me prometí solemnemente  siempre serme fiel, cada día de los que me falten por vivir en esta aventura; nunca de los nuncas olvidar vivir para mi y por mi; no dejarme llevar por los placeres banales y no cambiar ningún atardecer por rosas... pero sobre todo ¡Disfrutar! ¡Vivir! ¡Cantar! ¡Bailar! INTENSAMENTE. 

Fue hace 100 días y se siente como si de algún modo hubiera sido ayer, cuando salí de casa y encontré lo que buscaba...

Seguiré, feliz y locamente, informando con la sonrisa de oreja a oreja.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Largo camino a casa (Bitácora del Viaje: Día 44)

Me pasa varias veces en la cabeza una linea de la canción "Let Her Go" de Passenger, donde dice que los sueños llegan lento y se van muy rápido. Así me pasó con este sueño que comenzó siendo Madrid y termino siendo otros cuatro países. Un sueño que como todos los sueños, lo vi muy lejos e inalcanzable durante mucho tiempo y un día , después de tanto cosechar, lo vi hacerse realidad y terminó muy rápido pero ha marcado mi corazón de por vida. 

Siempre recordaré esas tardes de otoño que parecieron de invierno por Madrid...




La esperanza de encontrarme con Ana Vazquez al dar la vuelta a la esquina en Segovia... 
Los senderos tan mágicos que me regaló Jaén...

La vez que sentí que toqué el cielo en Córdoba...
La primera, la segunda y la tercera vez que me perdí en Granada...

 


Como con locura y sin medida me enamoré sin más de Sevilla... 














Aquel tercer mapa que perdí en Budapest...













El trayecto de tren camino a Serbia...

 

esas ganas de nunca irme de Viena...















y el haber creído haber visto tanto y darme cuenta que Praga me robó el corazón.

  

Siempre guardaré en mi corazón a todas las personas que tuve la fortuna de conocer , las que se quedaron con ese cachito de mi y ese suyo que traigo aquí mismo, un poco de ellas puesto en la sonrisa. 



























Sin duda alguna una aventura inolvidable. Una vez más, gracias a la vida, al destino, a las casualidades por este espíritu aventurero y estas piernas fuertes (que aún con pie lesionado, dieron batalla) y que me han llevado, a mi y a mi mochila, a todos los lugares hasta donde ahora hemos estado. 

Gracias también a mis seis angelitos que me cuidan desde el cielo y gracias a los que leen ésto pero sobre todos a los que me siguieron por estos dos meses. ¡Un honor para mi cazarles paisajes! 

¡A la aventura, siempre a  la aventura!
Seguiré informando.

domingo, 1 de marzo de 2015

(A) Marte.

Ana Vazquez escribió la canción más bonita del mundo: "A 7 milímetros". En ella me enseño que si bien a Marte se llega pero no se toca, tenemos la posibilidad de vivir ahí. Un día, unas semanas o toda una vida. Me enseñó que no existe tiempo, ni espacio más bonito que ir a Marte. 



Dicen que sólo hay boletos de ida mas no de regreso.
 Había llegado a el,por primera vez, en el 2007.Tenía por ahí de diecinueve cuando aterricé en un "Mars 17-10" en el planeta rojo. Y ahí estuve yo, perdida varios años, no queriendo volver. Regresé a la Tierra, con boleto obligatorio y a pasos forzados, unos dos años marcianos después. Enojada y decepcionada, me prometí nunca volver y muchas veces, cuestioné que mi estadiá ahí hubiera sido real. Desde entonces, para mi, Marte se volvió un mito, un cuento de esos que escuchamos para soñar bonito, una historia de héroes o un planeta prometido y nada más. Con los años, con el tiempo, con los recuerdos, quise volver y aunque lo intenté mil veces, nunca pude.


Pero contigo es otra historia. Tú eres otra historia. Contigo dejo ser cazadora de paisajes y me vuelvo astronauta porque contigo a Marte se llega tan fácil y no sólo una sino varias veces. 
Me miras y ya quiero ir a Marte. Me miras por más de seis segundos y los tres últimos son los mismos que hacen cuenta regresiva para aterrizar en Marte. Me acaricias y ya estoy ahí, quemándome de amor en Marte. Me cantas y estoy flotando en la atmósfera de Marte, jugando entre Fobos y Deimos. Me besas y no puedo evitarlo, hay caricias arquitectas y suspiros albañiles construyendo, a paso lento pero firme, entre una duna y otra, mi hogar en Marte. 

Y si me arrepiento, si el corazón no se convence , si me pongo cobarde y pongo pies en la Tierra, me sonríes y vuelvo a Marte. Al final, vivir en tus ojos es vivir en Marte; y amarte es un boleto sin regreso, un tour constante al espacio del mar (que ¡shhh! nadie sabe que existe en Marte).
Y si llega el Lunes, si no hay té verde, si el calor pasa de los 30, si doy vueltas de campana,si sí o si no, no importa. Yo quiero ir a Marte. Vivir en Marte.

Quiero (a)marte siempre.
Siempre.