martes, 23 de febrero de 2016

De cómo Mar se enamoró de los paisajes.

Esta foto recién la he añadido (Enero 2017). La he tomado en Huaraz, ese lugar cuyos paisajes me han hecho volver.
16 de Enero del 2016
Carretera El Calafate- Argentina a Puerto Natales- Chile.

Ella se llamaba Mar y quizá por eso le gustaban las olas y el azul del cielo. Quizá fue por herencia que de muy pequeña, se enamoró de las carreteras y de conocer otros paisajes que no se parecían nada a donde ella había crecido. Desde muy pequeña, se había hecho amiga del camino y siempre supo, que de ser cierto que todas las personas pertenecen a algún lugar, ella era de los senderos, de todos esos caminos que llevan a todas partes.
Mar era de esas que siempre le gustaba sentarse del lado de la ventanilla en los autobuses; le gustaba porque para ella los paisajes, eran su programa favorito, ese canal que nunca le cambiaba ni de broma.
Y entre tanto azul, tanto verde y tanto blanco, a ella, desde siempre, le gustaba imaginar que corría a la par de  la carretera a la misma velocidad del autobús. Esquivaba obstáculos, corría  a pasos de gigante, inalcanzable corredora de fondos. Esa visión era rápida, ágil y fuerte; y qué bueno que lo era, porque entre su fanatismo por los kilómetros, a Mar le gustaba que su yo que estaba corriendo del otro lado del cristal, corriera y corriera y corriera… No le preocupaban los 30° afuera o que lloviera de locos… A la pequeña Mar, eso le parecía que eso era lo más increíble que podía pasarle a alguien. Y así pasaban las horas hasta que la Mar que  corría en la carretera paraba en seco y con una sonrisa grandota y los cachetes colorados, le decía adiós a la niña en el autobús. A ésta Mar se le arrancaba una sonrisa secreta y entonces, se perdía en el azul, imaginando que era un ave o una mariposa y que extendía sus alas para jugar con las nubes.

No se sabe de cierto pero cuenta la historia que quizá es así como Mar se enamoró de los paisajes.