![]() |
| Esta foto recién la he añadido (Enero 2017). La he tomado en Huaraz, ese lugar cuyos paisajes me han hecho volver. |
Carretera El Calafate- Argentina a Puerto Natales-
Chile.
Ella se llamaba Mar y
quizá por eso le gustaban las olas y el azul del cielo. Quizá fue por herencia
que de muy pequeña, se enamoró de las carreteras y de conocer otros paisajes
que no se parecían nada a donde ella había crecido. Desde muy pequeña, se había
hecho amiga del camino y siempre supo, que de ser cierto que todas las personas
pertenecen a algún lugar, ella era de los senderos, de todos esos caminos que
llevan a todas partes.
Mar era de esas que
siempre le gustaba sentarse del lado de la ventanilla en los autobuses; le
gustaba porque para ella los paisajes, eran su programa favorito, ese canal que
nunca le cambiaba ni de broma.
Y entre tanto azul, tanto
verde y tanto blanco, a ella, desde siempre, le gustaba imaginar que corría a
la par de la carretera a la misma
velocidad del autobús. Esquivaba obstáculos, corría a pasos de gigante, inalcanzable corredora de
fondos. Esa visión era rápida, ágil y fuerte; y qué bueno que lo era, porque
entre su fanatismo por los kilómetros, a Mar le gustaba que su yo que estaba
corriendo del otro lado del cristal, corriera y corriera y corriera… No le
preocupaban los 30° afuera o que lloviera de locos… A la pequeña Mar, eso le
parecía que eso era lo más increíble que podía pasarle a alguien. Y así pasaban
las horas hasta que la Mar que corría en
la carretera paraba en seco y con una sonrisa grandota y los cachetes
colorados, le decía adiós a la niña en el autobús. A ésta Mar se le arrancaba
una sonrisa secreta y entonces, se perdía en el azul, imaginando que era un ave
o una mariposa y que extendía sus alas para jugar con las nubes.
No se sabe de cierto pero
cuenta la historia que quizá es así como Mar se enamoró de los paisajes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario