Bitácora del no-viaje, día 56.
Boulder,CO.
Ayer lloré por quinta vez desde que llegué a Boulder. Cinco veces en cincuenta y seis días es demasiado, aun para mis récords. Las transiciones son difíciles y esta, me ha vuelto una mujer que desconozco. Estoy fuera de mi, casi todo el tiempo. Aprendiendo.
Luego me dio tremenda felicidad cuando pasé por una tienda de guitarras y encontré una Fender que me estaba esperando. Guapa, elegante y vagabunda. Me guiñó el ojo y le prometí tocarla con respeto y pasión. Le ofrecí un hogar e hice una propuesta: Yo le contaría historias que después contaríamos al mundo juntas. Me llamó 'snob' y cerramos el trató. Salí de la tienda con el corazón satisfecho.
Estaba muy feliz pero nada se compara con la alegría de pasar toda una vida soñando despertar con él, aun sin saber que existía y poder correr mis dedos en su espalda, proclamar mi reino en la curva de su nalga izquierda, sentir su pierna sobre mi cadera, que suene el estúpido despertador y él me acerqué más a su cuerpo y yo respire de su pecho. Cinco minutos más. Nada le gana a eso, ni mil Fenders en el mundo.
Seguiré informando.
"Beginnings are usually scary, and endings are usually sad, but it's everything in between that makes it all worth living"
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