A veces simplemente se trata de jugar con fuego, cuando a ratos y a ratos prendes cerrillos cerca de una pizca de pólvora.
Tú
no tienes miedo y al final no pasa nada. Entonces, esparces otra pizca
como si sasonaras la pólvora que ya estaba ahí; seguido de pasar el
cerillo cada vez más cerca.
No te asusta, ni nada, quizá lo hacías
para sacar tu coraje, quizá a veces sólo por diversión. Repites el juego
pizca de pólvora- cerillo una y otra vez; diferentes técnicas,
diferente perspectiva, diferentes medios que te llevan a la misma
acción. Eres afortunado y lo sabes. Te sentiste tan seguro que nunca
pensaste en otro final,más que ese que ya te sabías de memoria donde
eres "amo del fuego". Tenías tanta certeza de saber que sin importar
cuanta pólvora echarías al montón ,no estallaría. Habías ido contra
cualquier ley y lo sabías, y te sentías con el derecho de provocar, de
jugar con eso que no se juega.
Y bueno, en tus cálculos nunca
consideraste que un día, el viento, las estrellas, la suerte (o hasta tu
mismo) no estarían a tu favor y pasaría eso que llevabas meses
evitando. Prendiste tu cerillo con esa sonrisa irónica tan
característica tuya y lo acercaste lentamente... lentamente... rápi...
Kaboom!
Qué esperabas? La suerte no iba a favorecerte siempre. No puedes jugar con fuego y nunca quemarte.
Y
aún así te acercas con la seguridad con la que un cazador acecha a su
presa -sin haber aprendido tu lección-, con ese cerillo en tu mano, te
acercas a este montón de pólvora que va a volver a estallar, de nuevo,
cuando menos te lo imaginas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario