Hoy ya no eres capaz de llorar ni sentir.
Hoy te dejas llevar, no puedes fingir.
Olvidarás tu nombre y tu voz.
Olvidarás cuál es tu temor.
Olvidarás para concluir, que la vida es
algo más que un recuerdo para tí.
Verás el cielo al revés, estrellas caer.
Creerás que llega tu fin, lo debes de ver.
Olvidarás tu nombre y tu voz.
Olvidarás cuál es tu temor.
Olvidarás para concluir que la vida es
algo más que un recuerdo para tí.
Serás agua.
Serás tierra.
Serás fuego.
Serás aire.
Serás ingrávido y mortal.
Etéreo y sustancial.
Rotúndamente tú.
Serás alguien en paz.
Este en un nuevo comienzo, la última pieza que faltaba
en el rompecabezas, “la metamorfosis”, este loco proceso porque el que llevo
tropezando, saltando, cayendo, rodando, subiendo, trotando, bajando, por este
año. Este es mi renacimiento, en mi nuevo comienzo, mi oportunidad de volver a
empezar, de levantarme con la fuerza de cuatro volcanes.
Este es el final de todas esas historias que me han
dolido desde niña, del miedo a la oscuridad, de esos recuerdos que si me pierdo
en ellos me logran sacar una que otra lágrima y tres nudos en la garganta. Es
dejar de creer que desde la primera vez que te fuiste mi corazón dejó de
funcionar. Es un dejar ir mi pasado y saber perdonar. Respirar profundo y
continuar mi camino, sin rencores, ni tragicomedias. “Papá, te libero y me
libero”.
Es el momento donde digo un adiós definitivo y encierro
bajo llave a los ojos rasgados que siempre supieron arrancarme motivos, motivos
y el siempre que al final nunca llegó; a los labios rosas y tímidos que dejaron
marcas y heridas en mis labios, en mi piel y en mi corazón, que me hicieron
tanto daño que pensé que nunca iba a sanar; a las notas de piano que –si cierro
mis ojos- aún acarician mis cicatrices y me hacen pensar en una tarde de
invierno, haciendo las miles de cosas
que jamás pensé que haría, recostada al lado izquierdo del hombre que no debía
querer. Guardo todo y me despido por la promesa de un mañana mejor donde el
poder minimizador del tiempo hace lo suyo y yo acomodo el camino por mi, para
que un día camine sin piedras que tropezar.
Es el punto donde después de tocar fondo, sé a dónde
voy, sé que nado contra corriente y sé que no hay retorno y que también que de
haberlo, no lo tomaría, porque sé de más que no me interesa volver; porque
aunque el camino ha sido difícil, me
complace lo que soy y lo que he llegado a ser. Sólo tengo que apretar los
dientes y dejar que pasen las tormentas.
Porque he tocado un punto donde me amo por ser
autentica, única, pensante, libre y capaz. Donde le digo a ella, que aunque
lamento lastimarla no siendo lo que quiere, me siento en paz conmigo porque
ahora soy lo que quiero yo; y aunque se que probablemente no lo entienda, la
amo con todo mi corazón.
Es este día en el que después de buscarte por todas
partes, te digo adiós. No porque no te ame, no porque no esté loca por ti, no
porque crea que no vas a llegar; aún creo en ti, aún caminar de tu mano es uno
de mis sueños más grandes, pero desde hoy voy a renunciar a las casualidades,
la magia, la búsqueda sin mapa, y dejaré que llegues cuando tengas que llegar.
Y cuando eso pase, dame una pista, una señal, una mirada de complicidad, dame
un segundo que me grite “Soy yo” y bésame en silencio y quédate para ya nunca
marcharte.
Es este día en el que después de la sal de tantas
batallas, de tantas banderas quemadas, de tanto no poder más... al fin soy
alguien de paz, alguien que ha vuelto a renacer.
Seguiré informando.
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