Llevo varios días con
muchas cosas atoradas en los dedos. He querido escribir pero nada ha salido. Y
a veces sólo pienso en eso: Escribir, escribir y escribir. Mientras camino
hacia el baño, mientras reviso mi bicicleta, mientras leo alguna receta y
reflexiono sobre mi mala manía de querer ponerle jengibre a todo lo que se
pueda comer, mientras termino mi día con un baño y juego con líneas que no
riman en mi mente. En esos y otros momentos, he armado varios poemas o posts en
mi cabeza pero cuando estoy aquí frente al teclado, no sale nada. Ahora que lo
he pensado, no soy buena escritora. No me consideraría a mi misma ni siquiera
como una. Al final sé que sólo soy una chica que cuenta historias, la misma
niña de sonrisa grandota con muchas ganas de vivir, rodar, correr, cantar y
reír como si fuera el último día de su vida y con cero talento para muchas de
las cosas que ama hacer –seamos honestos, canto como ardilla-.
Soy esa chica que rara vez
pasa dos veces por el mismo lugar, esa de las ganas incansables que quiere que
le pase todo, que quiere tenerlo todo y lo quiere ya. Soy justamente eso que
nadie necesita en su vida porque tenerme en ella implica desastres, despedidas,
bienvenidas, madrugadas sin dormir, tardes desesperadas, Viernes de drama. Y si
me ponen en una lista de pros y contras, todo indica que “no”, no soy
fructífera. No germino. ¡Y vaya que no! Yo soy ave y las aves nacimos para
volar; no para dar frutos. Soy un alma
libre, muy apasionada con lo que hago y con lo que creo. Soy un alma entregada
a sus ideas. Y aunque entre más pasan los años me cuesta más y más entregarme a
alguien, sé que si algún día lo hiciera, si decidiera dar ese paso, sería completamente.
Sin rodeos ni mentiras, de esas formas tan intensas en las que rara vez se
entrega una persona. Me entregaría libremente y esperaría también que me
tomaran con libertad; ya que si intentan presionarme o retenerme a la fuerza,
saldría corriendo diez veces más rápido de lo que llegué. Saldría huyendo como
nunca y sin mirar atrás. Soy un tanto vertiginosa. Lo sé. Soy extremista,
intensa, caótica y muy, muy, MUY exagerada. Y si lo piensan, en realidad no
importa, ya que soy de esas personas que viviendo en el extremo encuentro paz y
equilibrio. Tengo una gran tendencia a caminar sin rumbo y sin destino y la
mayoría del tiempo me encuentro perdida aún con brújula en la mano. Soy de esas
personas que necesita estar en movimiento. Lugares nuevos, gente nueva, rutas
nuevas, paisajes nuevos, nuevas situaciones y nuevos retos. Al primer intento
de monotonía o zonas de confort, salgo corriendo a velocidad de la luz. Soy un
tanto impulsiva y no tengo miedo a intentar cosas nuevas. Se podría decir
también que soy una apostadora. No me da empacho dejarlo todo, perderlo todo y
apostármela por un nuevo sueño.
También diría que soy
volátil. Cambio de parecer constantemente pero sé también que si albergo una
idea en mi corazón y la dejo echar raíces, nada en el mundo la sacará de ahí.
Soy una idealista de lo peor. Soñadora irremediable que el sólo hecho de estar viva
le parece grandioso.
La vida, por sí misma, me parece maravillosa e increíble.
Tan abstracta que me asombra. Y en realidad, me asombran muchísimas cosas. Me
asombra la forma en la que la naturaleza me recuerda lo pequeña que soy,
poniendo frente a mi el más hermoso de los paisajes que siempre puede superarse
a sí mismo pasando las cinco de la tarde. Así es la vida, el mundo, yo. La vida
gastándonos bromas y confundiéndonos, volviéndonos locos con sus espejismos y
golpes en el ring; el mundo con sus promesas y posibilidades que a veces sólo
me sofocan; yo, volando por todas partes, caminando en ningún lado y jugando
como una niña con el destino y sus hilos tan maravillosos entrelazándose tan
fascinantemente y mostrándonos constantemente el reflejo de vidas pasadas. Soy
un alma vieja en el cuerpo de la hermosa Mar. Ella es yo pero mejorada…
Aunque ya no sepa
escribir.
Seguiré informando.
Yo creo que si eres una escritora. Y de mis favoritas.
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