Mi vida ha sido una central de autobuses. Tantos viajes,
tantas (últimas) llamadas, tantas llegadas, tantas y tantas partidas. Un mar de
personas que sólo han estado de paso. Un lugar tan concurrido y tan solitario
después de un rato. Personas vienen, caminan, pasan sin ningún afán; personas
se van, a veces con la falsa promesa de “hasta pronto”, otras con un adiós
sincero y definitivo lleno de gratitud; otras, simplemente, desaparecen sin yo
darme cuenta. Otras se van agitando la palma en signo de despedida y con una
sonrisa hermana.
Ya lo ves, así ha sido mi vida, un ir y venir, un llegar y
marchase, una espera en alguna banca, una mirada buscando, un llegar tarde y
perder el autobús que me llevaría a tu corazón. Una eterna despedida donde muy pocas personas han tenido permanencia. Mi vida
ha sido una central de autobuses y yo he sido una niña que espera en el miedo
de una sala cualquiera, mirando lento a su alrededor.
No deja de sorprenderme cada persona que ha pasado por
nuestra vida se lleva siempre algo de nosotros al partir y de la misma forma,
siempre nos deja un poco de sí.
Seguiré informando.
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