lunes, 26 de septiembre de 2016

Del blanco al color.

Nota del autor: Dice Blogger que la última vez que publiqué fue en Mayo. Para mi se siente como si hubiera sido un año y no un par de meses. Me paso de tanto en tan poco que me suena irreal que hayan pasado tan sólo 4 meses desde la última vez que tomé mi idea y la regalé a la red pública. No es que haya vuelto del todo, es que tengo algo que contarles. Es algo bueno.


Boulder, Colorado, USA.
26/09/2016





¿Y qué hace un a mujer como yo rodeada de tanto blanco?  Es extraño. Hace algún tiempo me había convertido en juntaletras. Llenaba mis vacíos con letras y rimas de esas que no riman para encajarlas milimétricamente en cada huequito. Sé que hasta entonces, me habían encantado  las frases hechas y las canciones que ambientaran mi tragicomedia y me ayudaran a ponerle música de fondo a este viaje. Siempre buscando, como buena literata y traductora bien entrenada pero nunca ejercida, la palabra adecuada en el momento indicado. 

Y ahí estaba yo un día, sin palabras, sin historias, sin ganas de nada; rodeada de tanto blanco. Rodeada de papeles arrugados en los bolsillos y un diez determinante; cuatro por dos, más dos,mas uno, menos un intento fallido de algo que quería y no podía ser. Había tanto que decir pero no había verbo en la historia de los diccionarios y de la RAE, que le hiciera justicia a tanta intensidad. Nada de nada. Tenía una severa crisis de luz y me había quedado sin pluma. Sí, ahí estaba yo, la de siempre pero sin letras. 

Me había quedado con todo y sin nada, tenía en la mochila una libreta con un par de hojas sin anotaciones y una pluma sin tinta. Salvada por las campanas, por heroicas y valientes campanadas, recordé el par de pinceles y óleos que tenía hace tiempo guardados en el cajón. Un par de bastidores y una revolución de color me había salvado la vida. Ésto no ha de ser perfecto pero ha de ser real. Lo necesito, lo necesitaba para vivir y sentirme más viva. Lo pedía para sanar y ser sanada. Lo ideal para sentirme útil y no utilizada. En serio, en serio, ¡En serio lo necesitaba!. 
No sé si se me nota, si tú lo notas, cuánto necesitaba un poco de color entre tanto blanco. Cuántas ganas tenían las manos de jugar con un par de pinceles y colores. 

Y aquí estoy yo, sumando, restando, multiplicando, calculando colores que encajen en tu métrica, en nuestra métrica; colores que tengan armonía y que si no la tienen, nos gusten. Con todo esto tengo para entretenerme un tiempo y mejor no te digo cuánto. No vamos a contarlo. Mejor pensar que tendrémos una prórroga, que nuestro arte tendrá prórroga. Mejor pensar que esta sonrisa, que me delata de trancazo, tiene trabajo y paredes blancas para rato. Mejor pensar que hay arte para toda la vida y que en el mundo hay mil y un espacios en blanco. Espacios que necesito para recuperar la ilusión, la magia, la necedad de buscar paisajes que me lleven al arte; más para sentir y plasmar que para olvidar. 
Necesitaba esto y de alguna manera mágica e irracional me ha llegado, como un bolazo de nieve que te avientan de trancazo, blanco y espontáneo; necesitaba el impacto del blanco. De tanto blanco que quiere cambiar al color. Un impacto que sin cuidado me recordara lo que soy y lo que quiero ser.

¡Las revoluciones nos preceden y aquí hay una de color!.
Seguiré informando.

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