Me
voy un par de meses y pretendo volver o no sé, aún no lo sé de cierto. Volveré
siendo la esencia de lo que soy, con mis mismas manías y rarezas, y mi sonrisa
torcida y mis heridas, con mi forma tan caótica de sentir, con la misma visión
que siempre ha de cuestionarlo todo y la voz de mi madre retumbándome en la cabeza
diciéndome que debo ser como las demás y vivir como viven los demás, aunque yo
no quiera. Pretendo volver buscándote
por todas las calles,
encontrándote en mi pensamiento por ahí de las tres de la mañana y como luz
intermitente en horario diurno , soñándote tan neciamente como te sueño desde
tanto y creyéndome, como creo, que si tengo un poco de suerte, uno de estos
días te encontraré. No sé dónde, pero te encontraré.
Me
voy un par de meses, que si todo sale como lo planeado pueden tornarse en un
año y si vuelvo, sé que lo haré siendo quien soy pero con otra mirada, con mis
dudas y mi valiente timidez , y mis fines de semana de caídas y recaídas
escuchando música con la que dan ganas de cortarte las venas, con mis días de
chica despistada que por puro milagro no ha perdido la cabeza y mis noches de
poemas románticos y melancólicos que sólo puedo escribir después de las 10 p.m…
Y si vuelvo, que sea -sólo si he aprendido lo suficiente- sin la misma historia
de siempre, sin la misma pregunta que termina siendo otro “¿Dónde estoy?””¿Dónde
voy?””¿Dónde quiero ir””¿Quiero volver?” …Y en realidad no me preocupa. Igual que
me voy, igual quiero volver. Al final,
sé que siempre quiero volver.
Me
voy y quizá pretenda volver. Volver siendo quien soy, con mi rebeldía y mis
Viernes sin palabras escritas y con mis silencios hablados, con esta sensación
de cada veintiocho donde siento que mi cuerpo es una jaula y yo sólo quiero
salir volando, y mis jueves de desvelo leyendo a Paulo Freire, porque quiero
ser una maestra de la revolución. No prometo nada, pretendo volver igual que me
voy, aunque a donde voy sea el lugar
ideal para recapacitar, aunque tenga
varias horas al día para pensar, analizar, rectificar y volverme como quieren volverme. Aún así volveré
igual.
Porque
en esta extraña metamorfosis, he caído
en la cuenta de que yo no soy de las que se pone zapatillas, prefiero mis Converse o unas botitas cafés; de que nunca he
querido lo que quieren los demás, nunca he soñado con la casa, el perro y los
niños en el jardín;de que en vez de anhelar un coche, ruedo felizmente mi bici por la ciudad porque creo en el ciclismo urbano; de que mientras la mayoría desde niñas sueñan con ser
princesas, yo siempre he soñado con ser una superheroína; de que soy de las que
bebe agua y no refresco; de que me asombran más los paisajes que un regalo
costoso; de que tras escuchar varias veces una canción, puedo cantarla unas mil
veces los tres días siguientes;de que me emociona ahorrar, no para comprarme gadgets o lo último del grito de la moda, sino para perderme en algún rinconcito del mundo; de que me emocionan las cosas simples y que
todos consideran una tontería; de que soy quien nunca se queda al último en una
fiesta, porque aunque me la he pasado bien, quiero dormir y no necesito caerme de borracha; de que aunque nunca he sabido de cierto cual
es la misión que tengo que cumplir en la vida y que tengo un corazón gitano, siempre
me gusta volver y saberme diferente, aunque en el fondo siga siendo la misma.
Por eso sé que volveré.
¡Hasta
pronto, camaradas!
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