sábado, 3 de enero de 2015

A Tientas.


Y a veces de verdad que no me lo creo. Hago un viaje en el tiempo y estoy ahí de nuevo, hace dos años en ese mismo momento donde tantas veces quise morirme. Enero del 2013 donde sí, quise morirme. Toqué fondo de tantas formas que muchas veces creí que ya nunca más vería la luz y en realidad no me importaba, porque ya no quería verla. Ahí estaba yo, la mujer que ustedes conocen golpeada a morir en el ring, escuchando como contaban hasta diez sin la más mínima intensión de levantarme. Y no sólo me contaron hasta diez sino que me quedé ahí, tirada por varios meses. Me había resignado ya a vivir así, viendo como me golpeaban aunque yo ya estaba en el piso. 

Tinieblas, miedos, apagones, esa era mi vida. Vivir a tientas, tropezando y tropezando, mientras abrazaba eso que era lo único que para mi resultaba familiar: tanta oscuridad. Quería, sin querer, salir.

Y a veces, estando en la cima, me pregunto como vi la luz, como fue que mientras me contaban quinientos de la nada me levanté, como comencé a luchar y me prometí, me juré que nunca dejaría que nadie me lastimara de esa forma ni una sola vez más pero sobre todo, me prometí que nunca me volvería a dejar sola, que siempre lucharía, que si volvía a tocar fondo, usaría mis fuerzas para salir a flote. Una metamorfosis surgía sin yo saberlo.

Ya no ando a tientas, ahora vivo en la cima, en una tan alta que a veces no me lo creo y por eso mismo, miro mis cicatrices de vez en cuando, como un recordatorio amistoso de lo que viví. Un recordatorio de todo ese dolor que ya se llevó el tiempo y de que la vida, tan mágicamente, me ha pagado cada lágrima con diez sonrisas y tanto dolor a cambio de una inmensa paz. 

Hoy, Enero del 2015, tengo ganas de vivir y sé que tengo tanto aún por dar de mi. Aún tengo muchos paisajes, canciones, kilómetros, sonrisas y locuras que regalarle al mundo...pero sobre todo a mi.

Vivo rodeada de tanta luz y eso me tiene tan alucinada.
Seguiré informando.

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