Pienso en toda esa cadena de momentos que inevitablemente, no arrastran hacia el lugar donde estamos hoy. Pienso en todos los lugares, los momentos antes de esos momentos, los pequeñas cosas, los detalles, la serie de pasos que nos llevan a tomar un camino y como la diminuta variación de uno de ellos, un cálculo fallido, un centímetro más, un rato menos, podría haber hecho la diferencia.
Pienso como es que hace 4 meses, de un día cómo hoy mientras realizaba mi entrenamiento diario, donde me preparaba para mi inauguración maratónica, calculé mal la pisada y corriendo montaña arriba, me lesioné de la forma más estúpida que se puede lesionar un atleta de alto rendimiento. Pienso esto, claro está, después de varios diagnósticos mal dados, dos fisioterapeutas, un huesero hippie, un disque ortopedista y varias salas de espera donde cada una de ellas era una esfera que terminaría rompiéndose por completo en mis sueños por llegar a las grandes.
Hoy estoy en una de esas salas de espera y tengo la esfera en la mano, una más frágil que las anteriores, una que se rompería con un soplido, una que lleva grabada la frase "adiós maratónes", una que no sabe que pasará y que espero que no se rompa, porque le estoy apostando todo lo que tengo.Pero aún así, como todas las demás, tiene una luz encendida , un poquito de ganas, un poquito de fé.
Seguiré informando.
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