viernes, 2 de enero de 2015

¡No me inviten a sus fiestas, porfa!

Imagínense nada más cómo luce una mujer tan radiantemente antisocial como yo, tan solitaria y con el único vicio de cazar paisajes y el té verde, en una de esas fiestas donde no hay ni uno, ni otro. En una de esas donde sólo hay alcohol y cigarro en exceso. Entonces, como intento desesperado de no lucir tan antisocial,termino refugiada junto a la barra y el barman en turno me sirve uno tras otro un vaso de agua y yo hago como que hablo con él (digo, que se vea que hago el intento y que me interesa al menos un poco socializar; que no se note la mirada recurrente a mi servilleta y mi mania de siempre contarle a un pedazo de papel lo que pasa por mi cabeza). Y como última maniobra desesperada para que no se note lo mucho que odio las parrandas, intento distraerme con algo, perder la mirada, ponerle forma a todos los poemas que hace varios años que no escribo pero que están ahí atascados en el alguna parte de mis ojos o enredados en mi cabello. No sé, me da por buscarlos y así.

Imagínenme y no, no me inviten a sus fiestas, porfa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario